12 de enero 2024

Agente secreto en Vonfire
¿Alguna vez te has sentido atrapado en una rutina laboral monótona, más aburrida que leer los términos y condiciones del nuevo software de la oficina? Esto le pasa a más gente de la que crees, ¡y es muy perjudicial para la empresa! Según un estudio de la consultora Gallup, los empleados desmotivados son 20% menos productivos, tienen 30% más de probabilidades de faltar al trabajo y un 50% más de chances de abandonar su puesto.
¡Y eso no es todo! Otro estudio, realizado por Towers Watson, encontró que la desmotivación laboral puede costar a las empresas hasta el 30% de su productividad, y provocar una pérdida de clientes de hasta el 10%. Así de serio es el tema, y con la misma seriedad te cuento cuál es la solución: la gamificación en el trabajo, esa varita mágica que transforma el aburrimiento en diversión y la procrastinación en productividad.
¿Los juegos pueden servir para desarrollar habilidades y motivar al personal? ¡Sí, señor! Sirven para eso y para mucho más. Ya es hora de dejar atrás los prejuicios que vinculan lo lúdico a algo infantil. Aunque este tipo de estereotipos se da en otros ámbitos. Por caso, hasta hace algunos años se le asignaba mayor mérito a quien tocaba el violín que a aquel que tocaba la guitarra eléctrica, cuando ¡ambos instrumentos requieren de un importante desarrollo de la técnica!
Hoy eso ya no ocurre tanto, pero sí se sigue valorando más al chico que practica ajedrez que a aquel que es campeón de un videojuego en línea, según comentan Santiago Bilinkis y Mariano Sigman en su reciente libro “Artificial”. Esto se da pese a que en ambos casos los jugadores deben poner en práctica estrategias, adaptar tácticas en función del rival, aprovechar oportunidades, aprender a soportar la presión, entre muchas otras habilidades.
Y todo esto sin mencionar que Mario Bros es mucho más divertido que Garry Kasparov. Ahora bien, apliquemos esta lógica a la oficina: ¿De verdad crees que la “charla motivacional” y unidireccional del jefe y sus diapositivas va a tener mejores resultados que un juego en el que todos se involucran y que fue probado con éxito en cientos de empresas? Si tu respuesta es sí, debo decirte que estás más errado que vendedor de paraguas en un submarino.
El 80% de los empleados consultados por Gartner afirmó que la gamificación los hizo sentir más motivados en el trabajo, y el 20% asegura que incrementó su productividad. Otro estudio, realizado por Deloitte, encontró que la gamificación puede aumentar la satisfacción laboral de los empleados hasta un 30%, y bajar el ausentismo laboral hasta un 15%. Y el 65% dijo que esta técnica los ayudó a conectar más con sus compañeros, según Forbes.
Imagina esta escena: tu jefe te lanza un desafío con recompensas en juego. ¡Boom! Estás en medio de una partida épica de productividad. La gamificación en el trabajo transforma tareas aparentemente aburridas en misiones emocionantes. ¿El objetivo? Alcanzar la cima del rendimiento y desbloquear recompensas que harán que tu día sea más brillante que las luces de Navidad.
Pero además la gamificación no se trata de ir solos, cada uno por su cuenta. En verdad tiene que ver con forjar alianzas, enfrentar desafíos juntos y celebrar victorias en equipo. En definitiva, colaborando es como desarrollamos nuevas habilidades.
Ahora es cuando apretamos “reset” y volvemos al principio: “El aprendizaje solo es efectivo si quien aprende está motivado”, aseguran los autores del mencionado libro “Artificial”. Y este principio es biológico, porque la motivación es el ingrediente indispensable para activar los mecanismos químicos cerebrales que posibilitan el aprendizaje: sólo si se está motivado el cerebro se llena de dopamina, se vuelve plástico y la exposición a un estímulo puede transformar sus circuitos sinápticos. De lo contrario, la mayoría de los circuitos neuronales son rígidos y poco adaptables.
¿Por qué la búsqueda del tesoro es un juego que tanto nos entretenía de chicos (¡y también de grandes!)? Porque la recompensa y también la competencia nos motivaba y obligaba a ser imaginativos, creativos y prácticos para dar con la respuesta acertada a las pistas acercadas. ¿Te imaginas recibir estrellas doradas cada vez que logras algo grandioso en el trabajo? Con la gamificación, no es solo una fantasía. La evaluación objetiva y la retroalimentación continua se convierten en la norma. Si haces un trabajo increíble, entonces posiblemente consigas esas estrellas brillantes. O tal vez el deseo de obtener esas estrellas sea lo que te lleve a hacer un trabajo increíble.
Lo mejor de todo es el cambio cultural que la gamificación puede provocar en la oficina, que deja de ser sólo un lugar de trabajo para convertirse en algo mucho más grande: un ámbito en el que todos pongan lo mejor de sí, y pasen de una mentalidad de “tengo que hacerlo” a “¡quiero hacerlo!”.
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